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Viernes 04/04/2025
 

Relojes de arena

¡A la calle!

Para sorpresa de propios y extraños, lo que ha causado furor entre los niños, y no tan niños, en esta Cuaresma han sido los cromos de la colección HolyCards

Año 2025 del tercer milenio de nuestra era. La tecnología nos invade allá por donde miremos: ordenadores, móviles, tablets, gafas de realidad virtual, redes 5G (próximamente 6G), inteligencia artificial generativa, vehículos sin conductor, impresoras 3D, y un largo etcétera. No hay campo que no esté mejorado (o invadido) por aparatos tecnológicos. Sin embargo, para sorpresa de propios y extraños, lo que ha causado furor entre los niños, y no tan niños, en esta Cuaresma han sido los cromos de la colección HolyCards.

Es decir, unos cromos de cartón de no más de 60x80 mm de tamaño con una imagen sobreimpresa de cualquier detalle de nuestras Hermandades y Cofradías, han sido capaces de captar la atención de niños y jóvenes para, momentáneamente, retrotraernos a una época dorada de juegos en la calle, meriendas de bocadillos de nocilla y parches cosidos en las rodillas de los pantalones por las continuas caídas. ¡Qué maravilla!

Estos días estamos viendo en las plazoletas y calles a los niños sentados en los trancos de las puertas intercambiando cromos, como hace veinte años. Los niños desempolvan sus habilidades de socialización y negociación para lanzarse a la caza del ansiado cromo que falta para completar la colección. Lo que ha conseguido la sevillana empresa Pepe Pinreles es algo inimaginable: álbumes y sobres de cromos agotados en todos los quioscos de prensa; macro quedadas donde perder la vergüenza e inmiscuirse en el mogollón para realizar astutamente los intercambios; propinillas de las abuelas, esas que se dan en el secreto propio del Mossad o la KGB, minuciosamente calculadas para comprar los sobres donde probar suerte de nuevo.

El curioso fenómeno antropológico que ha supuesto este coleccionable ahonda aún más en esta última tendencia de retirar de las aulas las pantallas para volver a lo tradicional que algunas Comunidades están proponiendo. Ya nos estábamos pasando. Lo tradicional, si está bien hecho, no tiene por qué oler a naftalina, no tiene por qué suponer un rechazo automático en favor de novedosas técnicas almibaradas sin fundamento alguno, no tiene por qué ser una servil excusa para crear chiringuitos y legislación farragosa. ¿Acaso no seguimos usando el anciano bolígrafo BIC, que cumple 75 años? Pues eso, a veces la clave es hacer bien lo básico.

Ya sabéis, niños, ¡a la calle!, que hay que completar la colección antes de que salga la Borriquilla.

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