Estamos deseosos de buenas noticias y disfrutar con la gente positiva que son más de las que suponemos e imaginamos. Aquellos que defienden la verdad frente a la mentira y el bulo y la construcción de una realidad sostenible y un mundo feliz, en relación a la tortura permanente de que todo quedará destruido de la mano de ataques nucleares.
Que tengamos ganas de vivir porque todo nos resulta un motivo para hacerlo e interesante, y una realidad social en la que ejercemos de ciudadanos y no de súbditos, con honor, cumpliendo con nuestros deberes y procurando la justicia.
Aquel día nos desayunamos con la sorprendente y agradable noticia que se habían acabado las guerras, y que todo el dinero que se dedicaba a fabricar armamentos como el misil de nueva generación ruso que había puesto en guardia a la OTAN, se emplearía en la investigación para encontrar remedios y poder curar males que hoy nos parecen caminos sin solución.
Tenemos que seguir luchando cada día por vivir nuestras vidas a pleno pulmón, y ser protagonistas de toda la humanidad que encerramos y no querer regodearnos en las desgracias propias y ajenas, sin darnos un respiro para la alegría y el disfrute.
Ver la vida del derecho y no empecinarse en contemplarla del revés, nos anima a hacernos notar con todos nuestros aspectos positivos, reinventándonos cada día con las pequeñas cosas, que son las que hacen que el mundo nos parezca más hermoso, y sintamos experiencias reconfortantes, que nos entusiasman y sorprenden.
No debemos ignorar la realidad, pero tampoco hemos de martirizarnos permanentemente en las malas situaciones, como si no pudiéramos abandonar el masoquismo, y si nos viene una mala racha, pensar que otras cosas son posibles y cambiaran los vientos a favor, pudiendo transmitir buenas herencias a las nuevas generaciones
Hemos de tener cuidado para no quedar atrapados, en mitos que nos impiden vivir nuestra propia vida en positivo, ser independientes y no ser víctimas de escándalos por querer ser como realmente nos sentimos. Reconocer nuestros méritos y sentirnos orgullosos de ellos, sin caer en el narcisismo nos ayuda a encontrar recompensas por lo que hacemos sin lamentarnos por lo que dejamos de hacer.
Estar pendiente de lo que tienen y como son los demás, nos despersonaliza y nos conduce a vivir de cara a la galería, para ser centro de atención, dejando de disfrutar por ser nosotros mismos y tener una visión positiva de lo que pensemos y hagamos y no sentirnos agredidos por las redes del miedo.
En cada acto, en cada conversación, en cada gesto, daremos el cante de nuestra autenticidad y no mostrar una falsedad e impostura que no se corresponde con quienes somos, y estaremos todo el tiempo pendientes de lo que nos sienta bien, y que no en la salida al escenario público, pero por mucho disfraz y maquillaje que se coloquen encima, como bien dice el refrán, el hábito no hace al monje y aunque la mona se vista de seda, mona se queda.
Puede que en ocasiones, entre tantos focos, aduladores y vestuarios, consigan por un momento dar el pego a quienes son como ellos, pura fachada, pero cuando escarbamos con cuidado y detenimiento, nos damos cuenta que son el mismo perro, aunque hayan intentado presentarse con distinto collar, el mismo que viste y calza.
Lo más indignante escomo para toda caravana hay acompañantes y para todo circo, aplaudidores a sueldo que se prestan al juego de mantener este tipo de personajes. Tal vez será porque son más manejables, o quizás porque comparten mucho de sus formas y demasiado de la usencia de sus fondos.